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Normalmente no hago publicidad de las publicaciones que no me gustan, pero de verdad creo que merece la pena que dediquéis unos minutos a leer esta.

Una madre y periodista que ha creado un blog de ¨Familia y vida sana¨, para comentar anécdotas y experiencias de sus vivencias como madre, supuestamente en clave de humor. Tocaba hablar de “la pesadilla de las mascotas¨

¨Nos guste o no, todas las madres tenemos que convivir en determinados momentos con alguna mascota”

 Empezamos bien. Porque claro, cuando pares, antes de darte a tu hijo te dicen firme aquí, en la cláusula de ¨mascotas¨ o le daremos el niño a otra familia animal friendly.

¨La cosa puede quedarse en una simple pecera o que se te vaya un poco de las manos como a una de mis mejores amigas, que habita junto a una tortuga de tierra, unos agapornis, varios insectos palo, numerosos peces, renacuajos, mantis religiosas y hasta una salamandra.

Aún a riesgo de que caiga sobre mí todo el peso del Partido Animalista, Ecologistas en Acción, Equo o Greenpeace, debo confesadles una cosa: detesto a los animales domésticos.¨

Oh, miradme, soy sincera y no tengo pelos en la lengua, soy una rebelde y una adelantada a mi tiempo. No, en serio, que una cosa es que no te guste convivir o cuidar de animales y otra que los detestes. Pero en una cosa estamos de acuerdo, a tu amiga se le ha ido de las manos, y es que los insectos palo, los renacuajos, las mantis y las salamandras no son animales domésticos y no deberían estar en una casa. Lo que yo detesto es que se mantenga a esos animales en jaulas, peceras, terrarios y demás. De hecho me siento francamente incómoda con las aves enjauladas, las tortugas de tierra que viven en casas o incluso con los gatos que viven en pisos sin acceso al exterior.

El peso de partidos animalistas, Greenpeace, Ecologistas en Acción, o Equo no caerá sobre ti porque tiene cosas más importantes que hacer, como por ejemplo luchar para evitar que se sigan vendiendo estos animales en las tiendas de manera indiscriminada para ser asesinados/maltratados/abandonados por gente como tu.

Y los que criticamos tu artículo, no lo hacemos por que no te gusten los animales, si no porque esas pobres mascotas de las que hablas en broma, sufren y mueren de verdad.

¨Durante años, he sufrido un asedio numantino por parte de mis dos hijos para que comprase un perro o un conejo y me he resistido como una leona, pero a cambio he tenido que hacer algunas concesiones en forma de tortugas galápagos. Las adquirí para un aniversario con la idea de que no iban a durar más de seis meses, pero pasaban los años y allí seguían con nosotros.”

Manolita (la otra murió) engordaba y engordaba y despedía un olor cada vez más pestilente. Por supuesto, los niños no la hacían ni caso y era yo quien me tenía que ocupar de limpiar el agua todas la noches y endosársela a los sufridos abuelos cada vez que nos íbamos de vacaciones.¨

Los niños piden cosas sin parar que ven en televisión, que les cuentan sus amigos o en cualquier medio como revistas o internet. Ellos no saben, porque son niños, y es nuetro deber hecerles entender que el mundo no funciona como en los dibujos animados o los anuncios de bollicaos. Los niños piden animales igual que chuches, coches teledirigidos o el pastelito de moda por las mismas razones por las que los adultos nos decidimos por una marca de colonia: no queremos oler bien, queremos sentirnos guapos, jóvenes, intrépidos… Nuestros niños apenas tienen contacto con la naturaleza y es normal que sientan interés y curiosidad, y la imagen que reciben de los animales (en los cuentos, los documentales, la granja escuela, el zoo) es que están ahí para divertirnos, para mejorar nuestra vida.

Los animales no enseñan responsabilidad, eso lo hacen los padres. La educación no consiste en decirles lo que tienen que hacer, si no en comportarnos como las personas que queremos que sean. Y un adulto responsable primero se habría informado de cuánto vive una tortuga, qué necesidades tiene, o cómo mantenerla sana en vez de rezar para que se muera pronto. Y después de todo esto, le hubiera explicado a los niños (cada día si es necesario) por qué no iban a tener una: no es un animal doméstico, cuando crezca no podremos tener un lugar adecuado para ella, las tortugas sufren en cautividad…

Doy por hecho que el olor pestilente sólo ocupaba su mente cuando le tocaba limpiarla cada noche, pero jamás se le ocurrió que podía deberse a una mala alimentación, la falta de un filtro adecuado o un acuario demasiado pequeño. Total, si sólo esperaba su pronta muerte para librarse del problema.

¨Sin embargo, Manolita se convirtió en una santa cuando aparecieron en nuestras vidas Roger y Benjamin. Durante un viaje a los Pirineos conocimos a un joven que tenía una granja de pollos y, embargada por la nostalgia, le dije que si nos podía regalar dos de ellos.

En nuestra época, todo el mundo atesoraba un pollito. Los vendían en cualquier tienda o en el Rastro y hasta los teñían de colores. Tuve varios pero nunca me duraron mucho. Enseguida desaparecían, se caían por el balcón o sufrían cualquier accidente doméstico (visto lo visto, empiezo a sospechar de mi madre).¨

Yo cuando viajo me llevo un imán de recuerdo, esta señora se lleva dos pollos de granja y los mete en un piso. Todo muy normal. Pero además lo hace por nostalgia oye, por esos pollitos que vendían en los mercadillos cuando éramos pequeños y cuya muerte a nadie le importó un carajo, práctica que por alguna razón ahora está prohibida. Pero ella no ve el problema, esa indiferencia, ese poco respeto por la vida de otros que caló hasta tal punto que la transmite a sus hijos.

En cualquier caso, tener dos pollos viviendo en casa parece una idea estupenda.

¨Roger era grande, negro y feo como un diablo mientras que Benjamin era todo lo contrario: pequeñito y rubio. Enseguida nos encariñamos con ellos. Cuando llegamos a casa, los recibimos por todo lo alto y les construimos unas cajas de cartón decoradas con tremendo esmero. Los instalamos en la terraza, donde les dábamos la comida y los limpiábamos. Vivían a cuerpo de rey.

Pronto, el balcón se les quedó pequeño y quisieron ampliar territorio. Empezaron a frecuentar la habitación de mi hijo, que les acogía encantado. Tampoco les pareció suficiente y se arrancaron a conquistar nuevos reinos: el dormitorio principal, el salón, el baño… A los 15 días, Roger y Benjamin, cual Daenerys Targaryen emplumados a la conquista de Poniente, ya se habían hecho los amos de la casa. Campaban, y cagaban, a sus anchas.

Porque hay que decirlo todo: los pollitos eran una monada, pero evacuaban cada 5 minutos. Aquello era un no parar. Nunca he visto a mi hijo fregar con tanto cuidado la terraza, aunque al poco tiempo estuviese todo perdido otra vez.

La casa empezaba a parecer una pocilga y tuve que tomar cartas en el asunto: los pollitos volverían a la terraza. Se acercaba el invierno (‘winter is coming’) y aquello se convertía en un problema. No sabíamos qué hacer con ellos. Llamé a varias asociaciones pero todas los rechazaron. Al final, localicé a un amigo de una vecina que tenía una granja y se los pudo llevar.¨

Los pollitos eran una monada pero cagaban, y por extraño que parezca no querían permanecer en una caja de cartón en el balcón pintada con rotuladores. ¿Quién podría haberlo imaginado? Y el invierno se presenta de manera imprevisible, porque en España pasa eso, nunca sabes cuándo va a llegar el frío y vas a tener que pensar qué hacer con los dos pollos que tiene el el balcón. Una serie de castastróficas desdichas, no me extraña que esta mujer necesite crear un blog para desahogarse.

Y los pollos acaban ¨en una granja¨del amigo de una vecina. Lo pongo entre comillas porque es la historia de siempre, cuántos gatos, perro y conejos han acabado ¨viviendo en el campo¨ o con un tío lejano ¨que tiene una parcela¨para no arruinar infancias. Lo que arruina infancias es la mentira, la hipocresía y la falta de sinceridad.

Lo mismo me sucedió con Manolita. Los galápagos son muy invasores y están acabando con las especies autóctonas. Los de Grefa (Centro de Recuperación de Animales Silvestres) me echaron una merecida bronca por haber comprado la tortuguita de marras y luego no saber qué hacer con ella.”

 

¿Qué raro no? Que una asociación que lleva años luchando por la recueración de animales silvestres, buscando recursos hasta debajo de las piedras y con la ayuda de voluntarios se indigne porque no hemos sabido decir que no a dos niños pequeños y hemos comprado una tortuga con la que ahora no sabemos qué hacer. Porque claro, esas tortugas viven años y endosársela a una asociación (igual que con los pollos) supone que ellos deben hacerse responsables de esos animales para el resto de su vida, con los gastos en intalaciones, alimentación y demás que supone. Sin tener en cuenta que para especies invasoras hay protocolos específicos para evitar que escapen y causen un problema mayor.

Y es que con todos mis respetos, lo que usted pretendía es que lo que apenas le supuso unos euros y una tarde en el Carrefour para ser por un día la madre más guay del mundo mundial, supone no sólo una amenaza para la fauna y flora autóctona, si no un consumo de recursos humanos y económicos que no se pueden destinar a otras causas. Sin contar, por supuesto, con el sufrimiento de esos animales por no mantenerlos en condidiones adecuadas (me arriesgaría a asegurar que le vendieron las tortuguitas con su mini acuario con palmerita de plástico, su pienso y alguna cosilla más, lo justo para mantenerlas hasta que murieran de hastío o se cansaran de ellas, algo baratito y resultón).

¨Espero que sepan perdonarme, pero Manolita acabó en el estanque de la estación de Atocha convertida en una estrella. Allí, turistas y viajeros contemplan embelesados a todas las tortugas que descansan panza arriba. Cada vez que cogemos el AVE, las miramos a todas con la esperanza de reconocerla y poder saludarla. Y aprendí la lección: ¡a Dios pongo por testigo que ‘nunca mais’ volveré a hacerme cargo de una mascota!¨

¿Quién debe perdonarla?¿La sociedad?¿Sus hijos cuando sean conscientes de lo que ha ocurrido en realidad?¿O es usted la que necesita redimierse y se oculta tras un artículo en clave de humor para acallar su conciencia?

Las tortugas de Atocha no están bien, no son una atracción turística y sólo están allí porque muchos idiotas compraron una tortuga por razones equivocadas y luego quiesieron sentirse mejor dejándola en un estanque donde nadara libre (nótese el tono irónico). Allí las tortugas malviven, están hacinadas, y mueren en malas condiciones. Cada cierto tiempo hay que eliminarlas porque la población (de irresponsables) crece sin parar. Puede engañar a sus hijos yendo a saludar a Manolita, como si le importara, como si lo hubiera hecho bien. Sólo me da pena el día que crezcan lo suficiente para darse cuenta de la verdad, tal vez ellos no la justifiquen como ha hecho usted con su madre unos párrafos más arriba.
¨La pesadilla de las mascotas¨ son personas como usted.

 

  1. Al final del artículo original, algunas personas dan consejos sobre qué tipo de mascota debería haber elegido para evitar problemas. No nos confundamos, no se trata de qué mascota debería tener una pesona, si no de qué persona debería tener mascota.

 

Puedes leer el artículo original en:

 

http://www.elmundo.es/vida-sana/familia-y-co/2017/02/28/58b0211ee2704eaa208b456f.html

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