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Pese a su mala fama, el estrés es necesario para vivir. Es una respuesta natural del organismo ante cualquier cambio o situación nueva. Prepara y activa al organismo para la acción, ya sea correr detrás de una pelota o prepararse para ir a trabajar. Esta activación varía dependiendo del evento que la produce y sobre todo de la percepción individual, lo que para uno no significa un gran cambio, para otro puede producir un alto nivel de estrés. Por ejemplo, el ruido de un autobús que para nosotros es una simple molestia, para nuestro perro puede ser un suceso aterrador.

El estrés se sucede en forma de “picos”, esto quiere decir que la activación por un suceso se produce de manera muy rápida, a través de hormonas y neurotransmisores para la “acción”. Sin embargo, no se eliminan igual de rápido, si no que se necesita un periodo de calma posterior. Por ejemplo, un perro que corre detrás de una pelota o que se asusta de un ruido, necesitará un tiempo de tranquilidad para recuperarse proporcional a lo grande que haya sido el “pico”.

No son estos momentos puntuales los que van a provocar problemas, sí la continua sucesión de estímulos que no permiten al perro relajarse entre ellos y que acaban degenerando en lo que se conoce como estrés crónico. Este estado produce tal ansiedad que los perros acaban anticipando las situaciones: un perro con miedo a los coches no sólo reaccionará cuando ve u oye uno, si no que pasará gran parte del paseo alerta ante la posibilidad de que aparezca y cualquier cosa la sentirá como una posible amenaza. De igual manera que ocurriría con una persona que teme perder su empleo: aunque nunca llegue a ocurrir, el estrés que genera la posibilidad de que ocurra no le permitirá relajarse.

En casos de perros que carecen por completo del control sobre su entorno, como ocurre en las perreras, muchos mantienen un nivel muy alto de ansiedad o acaban cayendo en depresión.

Los problemas de comportamiento asociados

Si nos enfrentamos por ejemplo a un juego o a una cita, se produce un pequeño pico que nos prepara. Nuestra capacidad de atención y la memoria aumentan y esto nos permite aprender y superar pequeños retos.

La sensibilidad y la manera de gestionar el estrés dependen de la edad, la raza, el aprendizaje y sobre todo del individuo.

Cuando un organismo se estresa, comienza a liberar energía que es destinada a los músculos y el cerebro, ya que serán los necesarios para afrontar la situación. Si esta situación es una emergencia real, por ejemplo escapar de un peligro, la energía liberada se utiliza. Pero si es una amenaza ficticia como una entrevista de trabajo, o en el caso de nuestro perro una intimidante bolsa que vuela impulsada por el viento, tenemos un organismo alerta y preparado para reaccionar… sin nada a lo que reaccionar. Es entonces cuando esas capacidades de atención y de aprendizaje disminuyen, y nuestro perro no es capaz de escucharnos y mucho menos de aprender nuevos comportamientos.

Esta es la causa de muchos comportamientos problemáticos en los perros. Si tenemos un perro con numerosos picos de estrés en su día a día al que no damos opción de recuperar niveles normales, se encontrará ansioso y reactivo. Esto significa que su organismo está constantemente preparado para afrontar cualquier amenaza que pueda surgir, y como espera una amenaza deja de pensar y empieza a reaccionar de manera instintiva, así que cualquier falta de información (una persona que no conoce, una sombra, un paraguas) pasan a ser nuevas amenazas que generan nuevos picos de estrés.

Todo esto se traduce en perros que ladran a casi todo, que tienen problemas con otros perros y personas, que persiguen objetos en movimiento, muerden a las visitas o destrozan cosas en casa. Muchas veces se intenta corregir estos problemas con adiestramiento o con ejercicio sin tener en cuenta la causa subyacente que es la más importante: qué es lo que genera ese alto nivel de estrés.

Por tanto, utilizar el adiestramiento como remedio no es sólo una pérdida de tiempo, si no que además es contraproducente. Pretender que nuestro perro aprenda a tumbarse como alternativa a perseguir bicicletas será una tarea muy difícil ya que su capacidad de atención y aprendizaje están muy mermadas y su prioridad es el posible peligro. Así que sólo se consigue añadir más estrés y frustración a una situación ya de por sí complicada.

La receta del estrés ¿qué lo provoca en un perro?

En general cualquier cosa que nos estresaría a nosotros si estuviéramos en su lugar. Como ya dijimos, un momento estresante no supone un problema y es necesario para vivir: si una cebra es perseguida por un león, correrá para salvar su vida y cuando lo consiga necesitará un tiempo para recuperarse. Además, su organismo está preparado para ello. Pero si es perseguida varias veces al día por distintos leones, al final tendrá una úlcera.

– Novedad: cualquier situación nueva requiere una adaptación, incluso cuando es a mejor. Una mudanza, conocer nuevos perros o personas, un nuevo juego o incluso un cambio en la alimentación.

– Impredecibilidad: Cuando desconocemos cuándo van a suceder las cosas, nos ponemos nerviosos. Para nuestro perro igual que para nosotros, las rutinas son muy importantes, aunque agradezcan pequeñas variaciones. Los cambios de horarios de paseos y comidas, las visitas, acoger otros perros temporalmente o los viajes están entre las cosas más estresantes para un perro.

– Sensación de descontrol: Los perros que sienten que carecen de control sobre su ambiente sufren constantemente. Si tu bienestar depende siempre de las decisiones de otros, no puedes menos que sentirte inseguro. Así, los perros que viven enjaulados o con propietarios muy controladores, sufren una presión psicológica continua.

– Amenaza: La sensación de amenaza es subjetiva, y como se suele decir, el miedo es libre. Cada perro se sentirá intimidado por cosas distintas, pero hay amenazas que son comunes a casi todos: manejo brusco por parte del propietario, tirones de correa, bajarlo a empujones del sofá, gritar o hablar en voz muy alta, correcciones, movimientos rápidos de personas o perros, sacarle a la fuerza objetos de la boca, tocar su comedero o sus objetos favoritos, etc.

Problemas de salud

En un perro estresado, los recursos se emplean en mantener un estado que permita una rápida reacción de los músculos, dejando de lado otras funciones menos importantes. Como no es un mecanismo diseñado para largos periodos de tiempo, el desgaste que genera es muy alto y acaba provocando problemas de salud.

Algunos de los procesos que ocurren y sus consecuencias son los siguientes:

– Aumento de los jugos gástricos
– diarreas
– dolor de estómago
– obsesión por la comida
– Aumento del pulso y presión sanguínea
– Ojos ensangrentados por rotura de capilares al aumentar la presión sanguínea
– Aumento de hormonas sexuales: irritabilidad y reflejo de monta (incluso en hembras)
– Destrucción del sistema inmune: aumento de alergias, infecciones, etc.
– Problemas de piel, caída de pelo, lesiones cutáneas

Algunos signos de un perro estresado:

– Jadeo sin ejercicio
– Salivación excesiva
– Pérdida de apetito o apetito desmedido
– Rascado excesivo, a veces hasta lesionarse
– Sacudirse mucho
– Lamido o acicalado excesivo
– Temblores
– Gemidos y lloros
– Transpiración a través de las almohadillas
– Ladrar constantemente
– Alteraciones del sueño: dormir poco por la noche y deambular por la casa, o dormirse y despertarse sobresaltado
– Reacciones exageradas ante ruidos y movimientos

Autor: Almudena Ortiz – Dogstar

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